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Todos necesitamos pasar tiempo en silencio para estar a solas con nuestros pensamientos. Esto no es soñar despierto. La serenidad del tiempo en silencio se puede disfrutar de varias maneras. Puede ser una meditación tradicional, o recorrer las estaciones de la Cruz, la jardinería, leer las Escrituras, preparar un té o tomar una larga ducha caliente. También puedes rezar el Rosario. Todos los días, tómate veinte minutos para parar, reflexionar y disfrutar siendo quien eres. Piensa en el pasado, el presente, el futuro o en nada en concreto. Relájate y te sentirás renovado. La tranquilidad te dará energía. Sin intentarlo, te sorprenderás de cómo tu subconsciente produce tantas buenas ideas. Mientras reflexionas sobre el verdadero sentido de tu existencia, podrás afrontar mejor los apuros. Tal y como el tiempo que pasas haciendo ejercicio te hace más fuerte físicamente, las reflexiones te hacen más fuerte espiritualmente. El tiempo en silencio te da la oportunidad de practicar el meterte en tus propios asuntos. Respira hondo y sigue respirando despacio y de manera uniforme. Mira a tu alrededor. Utiliza todos tus sentidos. Encontrarás satisfacción en la soledad; pregúntaselo a un monje. Translated by Maria Herranz |
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